jueves, 22 de diciembre de 2016

La lotería

La Lotería Nacional

La actual Lotería Nacional de billetes nació en España durante la Guerra de la Independencia. D. Ciriaco Gonzalez Carvajal, Ministro del Consejo y Cámara de Indias, pensó en "un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes".


Ante las Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz, presentó un proyecto de Lotería, cuyo precedente era la que existía en nueva España, actual Méjico, desde 1.771 y cuyo establecimiento se debió a Carlos III. La propuesta tuvo una acogida muy favorable y, en sesión de 23 de noviembre de 1.811 de las Cortes de Cádiz, fue aprobada sin un sólo voto en contra. Esta Lotería, cuya instrucción se publicó el 25 de diciembre de 1.811, fue denominada por el pueblo "Lotería Moderna" para diferenciarla de la Lotería de números o "Lotería Primitiva" instituida en 1.763, por el Ministro de Hacienda de Carlos III, Marqués de Esquilache.


Juramento de las Cortes de Cádiz en la Iglesia mayor parroquial de San Fernando



José Casado del Alisal



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El 4 de marzo de 1.812, quince días antes de que se proclamara la primera Constitución de nuestra historia, se celebró en Cádiz el sorteo de esta nueva modalidad de Lotería, de acuerdo con las normas establecidas en la instrucción, cuyo preámbulo rezaba así:

Instrucción de la Lotería Nacional de España que ha de establecerse en Cádiz

"Las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación, enteradas del proyecto que les fue presentado de una Lotería que se ha de nominar Nacional, y ha de ser igual a la que hace muchos años se halla establecida en Nueva España; se sirvieron autorizar al Consejo de Regencia de España e Indias para que lo llevase a efecto del modo que considere más útil y conveniente."

"En consecuencia, S. A. considerando que este puede ser un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes, y atendiendo a que los fondos que se versen en este juego, sean manejados con fidelidad, sin agravio ni perjuicio del público interesado; para que estos fines se consigan, ha tenido por conveniente autorizar con su suprema aprobación a los señores D. Antonio Romanillos, Ministro decano del Consejo Supremo de Hacienda, y D. Ciriaco Gonzalez Carvajal, del Consejo y Cámara de Indias, para jueces conservadores del establecimiento".



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La Lotería Nacional al principio estuvo circunscrita a Cádiz y San Fernando, más tarde saltó a Ceuta, y según iban retirándose los ejércitos napoleónicos se iba extendiendo su venta, primero al resto de Andalucía y después por toda España.


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El último sorteo de la Lotería Moderna que se celebró en Cádiz tuvo lugar el día 27 de enero de 1.814, cambiando su sede a Madrid que estrenó sorteo el día 28 de febrero de 1.814.


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Muy pronto se marcó una decidida preferencia del público por la Lotería Moderna, frente a la Primitiva, que quedaba patente en las cifras de ventas.


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En el periodo de 1.815 a 1.817 la Lotería Moderna duplicaba los ingresos de la Primitiva y en los dos años siguientes los doblaba con creces. En 1.817 funcionaban en España 497 administraciones de Lotería, de las cuales veinticinco estaban situadas en el casco de Madrid y cinco estaban en el casco urbano de Barcelona, siendo desempeñadas todas por varones, excepto dos, una en Barcelona y otra en Murcia, regentadas por mujeres.

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La Lotería y la invasión napoleónica 

Al inicio de la Guerra de la Independencia coexistieron en la Península dos Loterías: la de José Napoleón, que operaba desde Madrid, y la del Gobierno de Cádiz. El bando antinapoleónico celebró en 1809 su primer sorteo en Sevilla. A partir del año siguiente y hasta el final de la guerra, los sorteos se celebraron en Cádiz, salvo algunas excepciones. 

En 1808 se celebraron en Valencia, después se trasladaron a Madrid a causa de la guerra, y en 1810 volvieron a la capital del Turia. 


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La Junta Superior de Defensa del Reino resolvió que de los beneficios obtenidos con cada sorteo se tomarían 3.000 reales de vellón para conceder varias dotes a las doncellas pobres, huérfanas de padres que habían muerto en el frente. 

Tras la toma de esta ciudad en 1812, el mariscal francés Suchet dispuso que se retomasen los sorteos de la Lotería conforme a las antiguas leyes, y el nuevo Gobierno se comprometió a garantizar tanto los sorteos como los pagos. 

El 23 de abril de 1812 los franceses celebraron en Valencia su primer sorteo en esta ciudad. Tuvo lugar en la Casa de la Audiencia, donde continuaron efectuándose hasta el 1 de julio de 1813. 




La Casa de la Ciudad 



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Cuatro días después de esta fecha, Suchet y sus tropas tuvieron que retirarse a Francia.



Retrato de Louis Gabriel Suchet por Delpech en 1830



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Libre el país de las tropas napoleónicas, los Sorteos regresaron a Madrid y en los meses posteriores fue extendiéndose la venta de la Lotería Nacional a toda la península. Las dos Loterías, Primitiva y Nacional, convivieron hasta 1862.

La Lotería republicana

Los avatares de la Lotería Nacional republicana reflejan fielmente el empeño y los esfuerzos del gobierno para evitar, o al menos retrasar, lo que al final resultó inevitable. 


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Al estallar la guerra hubo que reajustar sobre la marcha los planes de los sorteos ante la cantidad de devoluciones de billetes no vendidos o confiscados en el sector nacional. Aun así, se siguió con el calendario de sorteos previsto antes del inicio de la guerra.


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La Lotería Nacional continuó funcionando normalmente en Madrid hasta que, a principios de noviembre de 1936, y ante la posibilidad de la caída de la ciudad en manos de Franco, el gobierno de la República, y con él el personal de Loterías, decidió trasladarse a Valencia, donde se reanudaron los sorteos. Allí continuaron los tres sorteos mensuales, con una excepción: el Sorteo Extraordinario a beneficio de la Cruz Roja, que debía haberse celebrado en Madrid el 14 de octubre de 1936, fue aplazado debido a sus bajas cifras de ventas, y se celebró en Valencia el 14 de enero de 1937. Ese año, el gobierno realizó tres sorteos mensuales, excepto en el mes de enero, que celebró cuatro –el de la Cruz Roja– pero la marcha de la guerra, que además de una pérdida de territorio implicaba también una mayor desconfianza hacia el valor de la moneda, obligó a ir reajustando el valor de la emisión. Así, si en 1936 la emisión del sorteo de Navidad alcanzó los 144 millones de pesetas, en 1937 sólo supuso cerca de nueve millones.


Rodeados de funcionarios, milicianos y carabineros armados, los cuatro muchachos del Colegio de San Vicente Ferrer que cantaron el Gordo en 1936 



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En Valencia los sorteos se celebraron en una amplia nave industrial, un antiguo almacén de tableros, situado en la calle Troya, que tenía una cabida para 2.000 personas. Para el sorteo de Navidad del 22 de diciembre de 1936 se confeccionó un dosel con una enseña roja, flanqueada por la bandera republicana y la senyera valenciana. En ese sorteo se utilizaron los bombos de Madrid y actuaron de cantores los niños del Colegio Imperial de San Vicente Ferrer.


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De diciembre de 1937 a enero de 1939 los sorteos se celebraron en Barcelona. El primero coincidió con el Extraordinario de Navidad y tuvo lugar en el local que ocupó el antiguo Lyon d’Or, un espacio de forma irregular, en el que la mesa de presidencia fue colocada frente a la puerta de entrada. Se emplearon también los bombos procedentes de Madrid. Como cantores actuaron los niños de la Casa de Asistencia Social President Maciá.


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El último sorteo en la ciudad condal se celebró el 21 de enero de 1939, cinco días antes de la entrada de las tropas de Franco, y su lista de premios no llegó a publicarse. Tampoco se celebró el sorteo fijado para el 1 de febrero.


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Durante el tiempo que duró la guerra –de noviembre de 1936 a enero de 1939– los servicios de la Lotería Nacional en la zona republicana dependieron de la Dirección General del Tesoro y Seguros. Como se limitó la zona de venta de Lotería con la división del país, todos los sorteos de esta Lotería quedaron reducidos, en su mayoría, a una sola serie.

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La Lotería en la zona nacional

La historia de la Lotería Nacional en el bando nacional presenta la otra cara de la moneda, pues si al principio los republicanos tenían todo a su favor para sacar adelante su Lotería, en el otro sector la situación era más caótica.


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Tras el levantamiento de julio de 1936, en muchos lugares donde triunfó la sublevación se organizaron rifas en beneficio de los combatientes. La improvisación y falta de control sobre estas rifas generaron un malestar entre las autoridades, que pronto intentaron regularlas, cuando no prohibirlas. Una forma de controlar estas actividades era la de promover grandes rifas con sorteos periódicos y bajo la supervisión de los militares. Entre éstas, quizá las más relevantes fueron la Lotería Patriótica de Zaragoza, de la que era responsable la Junta Recaudatoria Civil de Defensa Nacional de aquella ciudad, y la Lotería Patriótica de Sevilla, organizada por la Junta Municipal de Subsidios, cuyo último sorteo se celebró el 21 de abril de 1938.


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En el caso de esta última, se celebró el 21 de diciembre de 1936 en el salón de actos de la Cámara de Comercio. El Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Obras del Puerto facilitaron los elementos que se empleaban, con lo que el sorteo pudo contar con dos bombos; debido al tamaño de los mismos se tuvo que arbitrar un procedimiento de extracción de bolas especial.


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En una esfera se colocaron 20 bolas numeradas del 1 al 19 y otra bola con dos ceros, y en la otra 999 bolas numeradas del 1 al 999 y otra bola de tres ceros. Sacando una bola de la primera esfera y otra de la segunda, y uniendo las dos cifras se obtenía el número premiado, pues la combinación comprendía la totalidad de los 20.000 números que integraban el sorteo. Los números premiados lo fueron por orden de salida, y las bolas las cantaron los niños del Hospicio Provincial.


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A fin de maximizar los beneficios con la sustitución de las pequeñas rifas locales por un sorteo de carácter nacional, el 13 de diciembre de 1937 se aprobó el restablecimiento de la Lotería Nacional. El primer sorteo estuvo constituido por dos series de 46.000 billetes cada una, al precio de 30 pesetas el billete, y se celebró el 1 de abril del año siguiente en Burgos, en el edificio del Colegio de los Hermanos Maristas.


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Para el acto se utilizaron los bombos que usaba la Diputación de Guipúzcoa para los sorteos de amortización de la deuda, mientras que los billetes se imprimían en una empresa de artes gráficas de Bilbao. Los niños que ayudaron en la celebración eran internos del Hospicio Provincial y de la Casa Refugio Municipal de la ciudad.


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En estas condiciones se celebraron en Burgos más de setenta sorteos hasta agosto de 1939, fecha en que volvieron a celebrarse en Madrid. El primero que se desarrolló con total normalidad se realizó en Madrid el 1 de agosto, con la curiosa peculiaridad de que los billetes, que se habían confeccionado con antelación, señalaban aún Burgos para su celebración.

Boletín LAE


El primer sorteo después de la guerra

«La Navidad de 1939 no traería la misma felicidad para todos, pero sería, después de tres años, la primera Navidad en paz. La guerra se había llevado miles de almas y había dejado España dividida y rota. En un país de posguerra, hambre y desabastecimiento, donde reinaban las cartillas de racionamiento y la vuelta a la normalidad se antojaba complicada, una luz de tenue esperanza alumbraba aquel día a españoles de todos los tintes y colores.

El 22 de diciembre de 1939 traía de vuelta el tradicional sorteo de Navidad de la Lotería Nacional. A las ocho de la mañana la Casa de la Moneda abría sus puertas a un inmenso público que completando el aforo en pocos minutos, dejó a los menos afortunados a la espera frente al edificio. Poco después quedaba constituido el tribunal que presidiendo el sorteo, mostraba al público las bolas de los premios gordos para introducirlas en el bombo.


ABC

En el salón se respiraba expectación y la tensión podía cortarse a cuchillo. Mientras dos funcionarios de loterías mezclaban las bolas antes de la celebración, un hombre desconfiado abandonó su butaca y se dirigió a ellos para comprobar que su número entraba en el sorteo.

Cuatro niños del Colegio de San Ildefonso se colocaron frente al tribunal y poco después de que dieran las nueve, se inició la jornada. Los bombos empezaron a rotar, las tablas de clasificación se completaban y poco a poco se fueron conociendo los premios. A las once y cuarto de la mañana Juan José Martínez y Manuel Viñuelas cantaban el Premio Gordo: “13.093” “quince millones de pesetas”.


ABC

Los chicos mostraron el número agraciado y se abrazaron conmovidos, conocedores de la importancia de aquel premio. El público gritaba entusiasmado, en la Casa de la Moneda, con gritos clamorosos, se armó un verdadero escándalo. Periodistas y reporteros gráficos de todos los medios, que seguían el sorteo desde la sala de prensa de Telefónica, se lanzaron a la calle en busca de los afortunados ganadores del Gordo.

El número dos de la calle Alcalá se convirtió en el punto de encuentro de decenas de personas. La administradora, junto a sus hijos, colocaba en la fachada un cartel que rezaba: «El Gordo aquí, 13.093». Madrid brillaba ilusionado aquella mañana. En un momento donde los salarios bajaban y la vida subía cada vez más, al fin, una buena noticia llenaba de luz los hogares españoles.»

Cristina del Estal. BNE

Valencia y la lotería







Cortesía de José Navarro Escrich


Bivaldi


Artística participación de lotería. 1954

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Administración en un pueblo valenciano

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Loterías Bello, un clásico de la ciudad

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Agraciados en diferentes sorteos de la lotería

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Cartelería. Colección de José Navarro Escrich


















Colección de José Navarro Escrich

Datos históricos y curiosidades del sorteo de Navidad


Nunca se ha cancelado desde la celebración del primer sorteo, que tuvo lugar el 18 de diciembre de 1812 en Cádiz, llegando a celebrarse incluso durante la Guerra Civil. El primer premio Gordo de este histórico sorteo fue a parar al número 03604, premiado con 8.000 pesos fuertes.



Se le llamó por primera vez "Sorteo de Navidad" en las navidades de 1892, sustituyendo a la leyenda de "Prósperos de Premios", aunque dicho cambio no figuró impreso en los billetes hasta el año 1897.

Desde el año 1940 fue la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre la encargada de imprimir los décimos para este sorteo, hasta que en 1985 el Organismo Nacional de Loterías y Apuestas del Estado (LAE) paso a encargarse de su organización.


Niños de San Ildefonso en los comienzos del aiglo XX



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El primer sorteo en euros se produjo en diciembre de 2002, con lo que se redujo en unos 10 minutos la duración del mismo, ya que al tratarse de cifras más cortas los Niños de San Ildefonso tardan menos en cantar cada premio.




Sorteo en Madrid en 1897



Dibujo de Comba para La Ilustración Española y Americana



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El "Gordo" de Navidad más tempranero que se recuerda consta del año 2004. Salió a los 13 minutos del inicio del sorteo, con la bola 39 del segundo alambre de la primera tabla.




El premio de la lotería de Navidad,

entre monedas de plata y billetes,

depositados en una mesa en los sótanos 

del Banco de España


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En 2010 se cambio el lugar de celebración del sorteo, pasando a realizarse en el Palacio de Congresos de Madrid, después de 47 ediciones consecutivas en la anterior sede de LAE, situada en la calle Guzmán en Bueno.



Recorte de prensa de 1904



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A lo largo de la historia del sorteo existen dos números que han sido agraciados en dos ocasiones con el Primer Premio, el 15.640 (años 1956 y 1978) y el 20.297 (años 1903 y 2006).



Sorteo 1879. Dibujo para La Ilustración Española y Americana



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Estadísticamente los números comprendidos entre 30.001 y 85.000 han salido en más ocasiones con un total de 65 veces, algo más que los comprendidos entre 10.001 y 30.000 con 62 veces, al igual que los comprendidos entre 0 y 10.000.


El bombo de los premios

José Navarro Escrich

El 5 es la terminación más repetida del Primer Premio, con 32 apariciones. En segundo lugar empatan las terminaciones 4 y 6, con 26 apariciones cada una.



Los niños que cantaron el Gordo en 1923



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Las tres últimas cifras del premio Gordo se han repetido en cuatro ocasiones: 25.444, 25.888, 35.999 y 55.666.


Sorteo en los años 60

José Navarro Escrich

La terminación 85 es la más repetida con un total de siete ocasiones, seguida de la 57 con seis, la 75 y la 64 con cinco y la 94 con cuatro.



Doña Manolita, una de las loteras que vendía 

mayor número de boletos agraciados. 1929



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El primer premio nunca ha recaído en los siguientes millares: 27, 37, 39, 41, 44, 51, 62, 64 y del 66 al 84. Tampoco los números terminados en 09, 10, 13, 21, 25, 31, 34, 41, 42, 43, 51, 54, 59, 67, 78 y 82.


Primer sorteo televisado. 1962

Las terminaciones 297, 457 y 515 se han repetido en tres ocasiones, mientras que las acabadas en 098, 400, 452, 640, 704, 758 y 892 en dos ocasiones.


Lista de Lotería. José Joaquín Tejada Revilla 

El 1 es la terminación menos repetida hasta la fecha, con sólo 8 apariciones.


Vendedora de lotería

José Navarro Escrich

El 13 sigue siendo una de las terminaciones más solicitadas. A pesar de que el Gordo de Navidad nunca ha caído en 13, este número emblemático y por muchos relacionado con la mala suerte es de los más demandados junto con el 69.


Vendedora de lotería

José Navarro Escrich

En espera de romper el maleficio, una fonda de Sant Guim de Freixenet (Segarra) lleva jugando el número 11.457 desde la Navidad de 1903, a pesar que desde entonces no ha obtenido ningún premio importante, aún así este número siempre se agota.

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¿Por qué los niños de San Ildefonso son los encargados de cantar la lotería?

«Los alumnos del Colegio de San Ildefonso no solo se encargan de cantar en Navidad, sino que lo hacen en todos los sorteos de la Lotería Nacional que se celebran a lo largo de todo el año.


El primer sorteo en el que se utilizó a uno de estos niños fue el 9 de marzo de 1771, ocho años después de instaurarse la lotería en España y que llegó a nuestro país de la mano de Carlos III, quien la importó desde Nápoles, tras ver como triunfaba en aquel reino un sorteo que enriquecía las arcas del Estado y a la vez hacía ganar una buena suma de dinero a los ciudadanos agraciados.



El niño encargado de cantar los números premiados de ese primer sorteo se llamaba Diego López y era alumno de la prestigiosa institución de San Ildefonso, un colegio y centro de beneficencia que daba educación y acogida a niños huérfanos.



Dicho centro, conocido como Casa de los Niños Doctrinos de San Ildefonso y fundado en el siglo XVI, había recibido en 1543, por parte del monarca Carlos I, una orden Real por la que se le otorgaba ciertos privilegios a la institución, así como que se le asignaba una dotación económica a través de donaciones; quedando bajo el amparo y protección del Ayuntamiento de Madrid.


Tales privilegios tenían como contrapartida la utilización de los alumnos para aquellos eventos benéficos para los que fueran requeridos. De ahí que, más de dos siglos después, se pensase en estos para cantar los números premiados en la recién inaugurada lotería del Estado.


Así como en sus orígenes el Colegio de San Ildefonso era una institución que recogía y daba amparo a niños huérfanos, desde hace varias décadas también empezó a acoger a aquellos que necesitaban algún tipo de protección debido a problemas familiares, económicos y/o de exclusión social.





Hasta 1984 todos los alumnos y cantores en la lotería eran única y exclusivamente varones y fue en este año cuando se comenzó a incorporar a niñas entre el alumnado, participando también en los sorteos.




Al ser una institución benéfica, el Colegio de San Idelfonso recibe anualmente una subvención de 300.000 euros por parte de Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, por lo que los niños y niñas encargados de cantar la lotería (en cualquiera de sus modalidades o sorteos) no perciben sueldo alguno por el trabajo realizado; aunque sí que es sabido que, aquellos que han cantado algún premio importante, reciben regalos y propinas por parte de algunas de esas personas agraciadas.»

Ya está el listo que todo lo sabe. Alfred López

Imágenes. http://www.cronicae.com/ ABC El Mundo

¿Qué probabilidades tenemos de que nos toque un premio? 

«En la Lotería de Navidad, la esperanza matemática está en 0.7, lo que significa que por cada 100 euros que gastemos en la lotería, esperamos ganar 70.

En conclusión, “de media” esperamos perder dinero». Esto, traducido al coste de un décimo, significa que lo normal es ganar 14 euros por cada 20 invertidos.


José Navarro Escrich

Además de esto, es fundamental saber con qué probabilidad te tocará cualquier premio de la Lotería de Navidad con tan solo comprarse décimo. Tal como explicó Adolfo Quirós, presidente de la Real Sociedad Matemática Española, entre los 100.000 números que entran en juego cada año en el sorteo, resultarán premiados solo alrededor de 14.272, lo que deja en un 14 por ciento la probabilidad de que un billete reciba cualquier premio. 

¿Pero, cuál es la probabilidad de que nos toque algo más que el reintegro, con el que sólo recuperaríamos el dinero invertido en el billete? Según Adolfo Quirós, este número es ligeramente superior al 5%.


José Navarro Escrich

Si lo que queremos es comprar un billete de Lotería para ganar un poco de dinero y no solo recuperar lo invertido, hay que fijarse en los 19 premios, que van de los 400.000 euros por décimo del gordo a los 960 por décimo de las aproximaciones al tercer premio. Según dice Quirós, la probabilidad de que toquen estos es del 0,019%. 

¿Y qué ocurre con el premio máximo?


José Navarro Escrich

«Teniendo en cuenta que son 100.000 los números que entran en juego en el sorteo de la Lotería de Navidad, la probabilidad de que te toque el Gordo si compras un décimo es 1 entre 100.000, es decir, 0.00001. En tanto por cierto sería 0.001%, lo que evidentemente nos da unas expectativas muy bajas», explicó Miguel Ángel Moreno, de Gaussianos.



Sin embargo, el matemático aclaró que esta probabilidad es superior a la de la Lotería Primitiva y al Euromillón.

http://www.abc.es/

Pero si a pesar de todo
no nos toca ni la pedrea, 
recuerda...



miércoles, 21 de diciembre de 2016

El torroner

El torroner

«El torroner que nosaltres haguerem volgut vore al darrere de la seua parada, és un d'aquells tipus de Xixona o Alacant que als començos de l'hivern s'escampen per tota la nostra terra i per tota Espanya i tant se'l troba un presidint la seua blanca, endolcida i llépola parada en qualsevol entrada de qualsevol casa d'Andalucia o Galícia, de les dos Castelles, d'Aragó o de Catalunya. L'autor d'aquest llibre encara el va veure amb la seua brusa negra o el jopetí amb el barret característic de la terra.

Allí estava amb el ventamosques a la mà per a espantar també els xiquets que s'acostaven massa a la parada.



Els valencians pintats per ells mateix

Aquella parada era un lloc vedat a les nostres butxaques i el que havia allí era tan bonic i devia ésser tan bo, que no era possible que allò haguessen fet les mans dels hòmens; ho devien haver pastat els àngels. 

Aquelles peces de torró d'Alacant o de paret, regalimant la mel entre les armeles; aquell torró de Xixona tan farinós i tan bo; les caixes de peladilles i de pinyons a vessar i les casques d'Alcoi i encara torrons de fruita.


http://elalmendro.es/


El torroner senyalava l'hivern, les vacances de Nadal i cap d'Any, les festes del torró. Els diumenges i les grans diades, els senyorets i les senyoretes eren la parròquia que, s'emportava a casa embolicats en blancs papers totes aquelles llepolies. Veritables llaminadures perque estaven fetes de sucre, d'armela i de mel; encara hi havia una mica de dignitat comercial i com el torroner era per lo general el mateix fabricant dels seus productes, volia deixar el comprador content per a quan tornara a l'altre any.


Cecilio Pla y Gallardo

Encara hi havia un altra categoria de torroner més modest: el de les fires. El que anava a la Magdalena de Castelló, a la fira de Xàtiva, a Dènia, a Gandia, a Vinaròs, a Morella, a Elx o Torrevella. Aquest torroner tenia una parada més popular, abundava el torró de cacau i ampliava el negoci amb una mica de porrat i dolços.

El tipus ha canviat de roba, però persisteix encara i per molts anys, que de quan en quan un bocí de torró no ve malament.

Vejau per on -al cap de cent anys- he tingut que pintar jo el torroner».

Els valencians pintats per ells mateix

Enric Soler Godes



El repeso del turrón

«Cuando se acercaban las fiestas navideñas, la venta de turrón era una práctica habitual, razón por la cual la Comisión del Repeso de la ciudad de València, que se encargaba de la inspección de alimentos, recordaba mediante avisos las obligaciones con respecto a su venta.

A estos, y en concreto a este de 1846, recurrió la Comisión cuando varios vecinos de Xixona dedicados a la venta de turrón solicitaron que se les permitiera vender cajas de turrón con menos cantidad de la exigida y se revocase la prohibición.


Arxiu de la Diputació de València

La comisión alegó que, por una inmemorial costumbre, jamás se había permitido en la ciudad que las cajas de turrón tuviesen otro peso que no fuera una o media libra, tradición fundada en la idea de evitar fraudes por parte de los vendedores. Los tratantes la conocían perfectamente, ya que cada año se les informaba puntualmente en estas fechas. En el expediente del que forma parte este aviso, se ponía de manifiesto la mala fe de los recurrentes, pues ya eran conocidos de la Comisión de Repeso, que los había sancionado el año anterior por incumplimiento de la norma.

El Repeso era la institución, como su propio nombre indica, cuya principal función era vigilar la corrección de las transacciones comerciales de venta al público, repesando la mercancía que el comerciante vendía al consumidor.🔎 Como autoridad pública, debía garantizar la paz ciudadana a través de la calidad del abasto y la resolución de conflictos que tenían lugar en el Mercat Central de València.


En València sigue existiendo la calle del Repeso, que se encuentra en las inmediaciones del Mercado». 

Diputació de València

martes, 20 de diciembre de 2016

El Belén

El belén

El primer Belén que tuvimos en casa fue gracias a una marca de detergentes. Dentro de cada caja se incluía una figurita de plástico para montar el nacimiento: pastorcillos y pastorcillas, leñadores, mujeres con el cántaro en el costado, los Reyes Magos, el buey, la mula, San José, la Virgen María y, por supuesto, el Niño Jesús.



Foto Segura. Benicalap

Todocolección

El problema es que no podías elegir y te salía lo que te salía... Así pues, el Belén tenía 80 Reyes Magos, 300 pastorcillos y pastorcillas, 200 leñadores, 150 mujeres con el cántaro en el costado, 80 lavanderas, 90 pescadores, 100 ángeles, 20 bueyes, 50 mulas, 15 San "Joseses", 90 Vírgenes y 20 Niños Jesús... Aquello no era serio...



Foto Ribas. Valencia

Todocolección






Todocolección

Para tener un Nacimiento más o menos decente, arrástrabamos a mi madre a la paraeta de Antonio para comprar más figuritas, en el puesto que montaba todas las Navidades con objetos para la decoración del árbol y del Belén. 






Todocolección

Año tras año íbamos incorporando más cosas: palmeras, árboles, ovejas, patos, gallinas, un alfarero, un herrero... sin olvidar el musgo, el serrín, el corcho, la nieve (¿nevaba en Belén?), el fondo estrellado, el papel de plata para el río, el algodón para las nubes, un espejo para el estanque, el puente... y conseguimos, poco a poco, tener un Nacimiento más que presentable.



Siempre nos quedaba esta opción...

Belén recortable del TBO

Comparto con vosotr@s las vivencias de un kiosquero de la vieja escuela que tiene una página muy entrañable. 


«Con la llegada de diciembre en el "Kiosco de Gila" se empezaban a vender figuras y otros artículos relacionados con el Belén, y con el Árbol de Navidad. En aquella época, principios de los setenta, las figuras del Belén solían ser de barro, aunque ya se iban vendiendo las de plástico. A mí me admiraba la paciencia y el arte que tenían esos artistas para reproducir tan exactamente a personajes que luego compondrían el Belén. Las caras, las ropas, las poses, los útiles que las acompañaban... toda parecía perfecto para montar el Belén. Luego también estaban las casas (de madera y corcho), que igual reproducían una posada, un taller, un molino de agua, los puentes para el río, y cómo no, el Portal, en donde iban a estar las principales figuras de la representación. En algunos casos, el Belén se limitaba a un Portal, en donde dentro se colocaban al Niño Jesús, la Virgen y San José, un par de vacas tumbadas, y si la economía lo permitía, igual por fuera se ponían los tres Reyes Magos, y algunos pastores con unas cuantas ovejas. Y por supuesto la Estrella, que solían presidir el techo del Portal.





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Con la irrupción del plástico las figuras comenzaron a ser mucho más variadas (incluso se hacían toda clase de animales), pero la cosa ya no era lo mismo.





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Pasada la época de Navidad, lo que no se había vendido, se volvía a guardar en cajas de cartón, protegidas por unas tiras de virutas para evitar que se rompieran. Así hasta el próximo diciembre. 

Creo recordar que las figuras se vendían a cinco pesetas (las más normales). Las casitas, puentes, molinos, musgo,la estrella, Reyes Magos con camellos, etc. ya iban de diez hasta venticinco pesetas, y lo más caro era el Portal, que ya podía costar entre cuarenta y cincuenta pesetas».


El primer belén fue valenciano

«La tradición belenística la inventó san Francisco de Asís en 1223 con un belén viviente y pronto se extendió por Italia, desde donde la importó a España en 1760 Carlos III, cuando era también rey de Nápoles y Sicilia. En 1764 dedicó toda una sala del Palacio Real un inmenso belén, que mandó construir al valenciano José Esteve Bonet, dada su gran fama como escultor, quien contó con la ayuda de otro valenciano, José Ginés Marín, y el murciano Francisco Salzillo.


Levante EMV

Esteve hizo con sus propias manos 180 figuras de 50 centímetros de altura, donde puso a bailadores, huertanos de Valencia, labradores de Nules, ganaderos del interior, arroceros de Sueca , datileros de Elche, turroneros de Jijona y artesanos de las distintas comarcas valencianas.


Belén que Pepsi montaba en un camión en la actual Plaza del Ayuntamiento. 1961

Cortesía de Julio García Dolz 

El belén estaba realizado por Julio García padre

Tardaba un mes en hacerlo, en los ratos que tenia después de su jornada. El camión era de los que normalmente hacia reparto de bebidas a los clientes, pero lo dejaban sólo con la plataforma, en donde se acoplaba toda la caja del belén confeccionado.

El camión con el belén, se llevaba por la tarde y siempre se dejaba aparcado en la puerta de Correos hasta las 12 de la noche y luego volvía a fábrica.

El Belén del Príncipe, llamado así por ser regalo del rey a su hijo el futuro Carlos IV, llegó a tener 6.000 figuras complementarias, muchas de ellas traídas de Italia y otras de alfareros españoles. Cuando se acercaba la navidad, toda la Familia Real colaboraba en la puesta a punto del belén. Las figuras hechas bien de barro o de porcelana eran vestidas con ricos ropajes.



Belén que Pepsi montaba en un camión en la actual Plaza del Ayuntamiento. 1961

Cortesía de Julio García Dolz 

El belén estaba realizado por Julio García padre

Tardaba un mes en hacerlo, en los ratos que tenia después de su jornada. El camión era de los que normalmente hacia reparto de bebidas a los clientes, pero lo dejaban sólo con la plataforma, en donde se acoplaba toda la caja del belén confeccionado.

El camión con el belén, se llevaba por la tarde y siempre se dejaba aparcado en la puerta de Correos hasta las 12 de la noche y luego volvía a fábrica.

Aquella costumbre palaciega hizo que se extendiera por toda España y prácticamente en casi todos los hogares por estas fechas hay ya montado un belén, por lo que en parte puede otorgarse la paternidad belenística española al valenciano José Esteve Bonet, que fue el autor del núcleo central y principal del Belén del Príncipe.



Belén que Pepsi montaba en un camión en la actual Plaza del Ayuntamiento. 1961

Cortesía de Julio García Dolz 

El belén estaba realizado por Julio García padre

Tardaba un mes en hacerlo, en los ratos que tenia después de su jornada. El camión era de los que normalmente hacia reparto de bebidas a los clientes, pero lo dejaban sólo con la plataforma, en donde se acoplaba toda la caja del belén confeccionado.

El camión con el belén, se llevaba por la tarde y siempre se dejaba aparcado en la puerta de Correos hasta las 12 de la noche y luego volvía a fábrica.

Consecuencia de avatares políticos y guerras, el Belén Real permaneció muchos años olvidado en los desvanes de Palacio, hasta que fue descubierto y recuperado en parte en 1988, ya que habían sido destruidas o robadas numerosas piezas, lográndose salvar al final sólo 80 de ellas.»

Baltasar Bueno

Levante EMV. 24 de dicienmbre de 2013


Un poco de historia

La primera celebración navideña en la que se montó un belén para la conmemoración del nacimiento de Jesucristo fue en la Nochebuena de 1223, realizado por San Francisco de Asís, en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia).


Francisco de Asís en la pintura de Francisco Zurbarán


La escena del nacimiento de Cristo no fue representada con figuritas y miniaturas de objetos cotidianos, como hacemos actualmente, ni con personas, aunque para la ocasión San Francisco sí utilizó animales. Se celebró la misa nocturna acompañada de una representación simbólica de la escena del nacimiento, mediante un pesebre (sin niño) con el buey y la mula, basándose en la tradición cristiana y los Evangelios apócrifos, así como en la lectura de Isaías: "Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo. Israel no conoce, mi pueblo no discierne" (Is. 1,3). Estos animales ya aparecen en el pesebre del siglo IV, descubierto en las catacumbas de la Basílica de San Sebastián de Roma, en el año 1877. 



Cuenta San Buenaventura en su "Legende de Santi Francisci" que tras celebrar la misa el sacerdote sobre el pesebre (utilizándolo como altar), San Francisco cantó el Evangelio y realizó la predicación sobre el nacimiento de Cristo, hijo de Dios, en circunstancias tan humildes como las que en aquel momento se reproducían (es decir, en una fría noche de invierno, en el interior de una cueva, resguardado en el lugar donde comían los animales que, junto al Niño, lo calentaban con su aliento, causando una enorme emoción entre los asistentes, de tal forma que el señor del lugar, Juan de Greccio "aseguró que vio un hermoso niño dormido en el pesebre, que el padre Francisco cogió en sus brazos y lo hizo dormir" Se supone que tras esta primera ocasión, que más que un belén puede asimilarse a un drama litúrgico se fue popularizando la instalación de belenes en las iglesias durante la Navidad, con figuras de terracota, cera o madera en vez de seres vivos.


Belén viviente

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Subida por Lfjsn Lluís‎ a VAHG


1971

Constantina Añeja


Belén Colegio Nuestra Señora de las Tres Avemarías

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Antes de la celebración de Greccio existen muchos antecedentes de representación plástica del nacimiento de Jesús, tanto en las Catacumbas romanas (lo que da idea de su relación con el cristianismo primitivo) como en las iglesias y otros lugares relacionados con el culto religioso cristiano. Los antropólogos e historiadores relacionan directamente las figuras del belén con diferentes objetos de culto de formas antropomórficas y animales, desde las Venus prehistóricas hasta las pequeñas esculturas griegas llamadas tanagras, pero muy especialmente por el culto romano a los dioses del hogar (lares) que se realizaba también mediante pequeñas esculturas con forma humana y que se custodiaban en el larario.




La visita a los belenes era todo un acontecimiento social

Las Provincias

En todo caso, a partir del siglo XIV, (fundamentalmente a través de los monjes franciscanos, cuya regla consistente en estricta pobreza, humildad, sencillez y cercanía al pueblo -frente a órdenes más ricas, "aristocráticas" y cercanas al poder político- se avenía muy bien con el humilde nacimiento del Mesías, por lo que usaron su representación como elemento de predicación, considerándose por tanto el pesebre un invento franciscano, cultivado especialmente por éstos y por sus las restantes órdenes franciscanas, como las clarisas y los capuchinos) el montaje de los belenes por Navidad se consolidó como tradición en la península itálica y fue pasando al resto de Europa, al principio como práctica eclesiástica, posteriormente aristocrática y finalmente popular. Sucedió de esta forma en España, ya que cuando a mediados del siglo XVIII el rey de Carlos VII de Nápoles pasó a ser rey de España, Carlos III; promovió la difusión de los nacimientos entre la aristocracia española, llegando posteriormente a la práctica popular en la toda España y en América.


Carlos VII de Nápoles, III de España

Retratado hacia 1765 por Anton Raphael Mengs


https://www.facebook.com/Zenit.Agencia.de.Noticias/

En el siglo XVIII en América, tras la disolución por decreto papal de la orden de los jesuitas, los franciscanos ocuparon su lugar y usaron los belenes como método de evangelización. Allí son habitualmente anacrónicos, ya que incluyen animales y plantas americanas, que en Palestina no se conocían en tiempos de Jesús, como los guajolotes, magüeyes y nopales; pero que recuerdan el carácter rural de la escena. Esta peculiaridad se debe también a que en la parte latinoamericana situada en el Hemisferio Sur del planeta, en Navidad no se celebra el solsticio de invierno, sino el del verano, por lo que el clima y los productos agrícolas sudamericanos son muy diferentes a los europeos y palestinos.


Pesebre Napolitano en el Palacio Real de Caserta

Los países belenistas son, en Europa: España, Portugal, Francia, Italia, Alemania, Austria, Hungría, Chequia, Eslovaquia y Polonia; asimismo son construidos en toda Latinoamérica y en la actualidad en los Estados Unidos. La tradición de las iglesias protestantes no es aficionada al belén, por su origen iconoclasta.



El «Belén ambulante», creado a iniciativa de tres sacerdotes de Somosierra, 
sale del Ministerio de Información y Turismo montado en un camión, 
para recorrer las carreteras españolas

Madrid, 1970. ABC

A partir del siglo XV se generalizó la costumbre del belén. En 1465, en el Renacimiento, se fundó en París la primera empresa fabricante de figuras de belén. En Alcorcón se creó el primer taller belenista peninsular en 1471, y tenía influencias de Inglaterra que no llegaron al taller belenista hasta 1501. El tercer en producir figuritas belenistas fue la República de Siena en 1475, de estilo renacentista. El cuarto país en crear figuritas belenistas fue Portugal en 1479, la primera fábrica, que se encontraba en Lisboa, fue quemada por los martinistas en 1835. Cuando Inglaterra adoptó el anglicanismo, las figuritas belenistas fueron quemadas, y debido al rechazo a los íconos, en 1601 se hizo un decreto, la "Bethelem Ban", y quien no lo cumpliera sería condenado a muerte; en el siglo XIX con la consolidación de la tolerancia religiosa, se levantó esa condena. La popular "Fira de Santa Llúcia" de Barcelona, de venta de figuras y objetos para el belén, existe por lo menos desde 1786. Cataluña, Murcia y Madrid, durante el siglo XX, eran centros donde se fabricaron más de cuatrocientos millones de figuras de belén. En la actualidad existen numerosos talleres artesanales en Cataluña, Murcia, Andalucía y algunos otros en el resto de España que continúan haciendo figuras, que son conocidas y apreciadas en todo el mundo.


A pesar de los esfuerzos de los historiadores y belenistas...


Es interesante destacar, que en la ciudad Patrimonio de la Humanidad de San Cristóbal de La Laguna en la isla de Tenerife en España, es de donde primero se tiene constancia en este país, de que se expuso de forma pública en una casa particular y fuera de lo que es un templo, un Portal de Belén para disfrute de todos los vecinos. Ocurrió en el siglo XVII en el domicilio de la familia Lercaro en la calle San Agustín de este municipio, edificio que hoy alberga el Museo de Historia tinerfeño y en el que se conserva este precioso Belén procedente de Génova en Italia que se muestra a sus visitantes. Asimismo, fue el santo tinerfeño Pedro de San José Betancur, franciscano y fundador de la Orden Betlemita y también en el siglo XVII, uno de los principales precursores del Belenismo en las tierras americanas descubiertas por los españoles.



Escultura del santo en la Cueva del Santo Hermano Pedro al sur de Tenerife

En el siglo XIX apareció el arte (o afición artesana) del belenismo, que en general se practica a través de Asociaciones Belenistas, la primera de las cuales fue la de Wenns (Tirol, Austria) en 1860; aunque se cree que en Barcelona ya existía una asociación belenista anterior a esta fecha, su creación oficial es en 186; en todo caso, y puesto que la asociación de Wenns desapareció al cabo de un año de su fundación, la barcelonesa es la asociación con actividad en la actualidad más antigua del mundo. La asociación internacional es la Universalis Foederatio Praesepistica (UN-FOE-PRAE), fundada en Barcelona en 1952 y sede actual en Roma (Italia).

Wikipedia

¿Por qué se llama ‘pesebre’ a la representación navideña del nacimiento de Jesús?

«Según todos los escritos que existen alrededor del nacimiento de Jesús (especialmente en las Sagradas Escrituras), se indica que éste fue alumbrado en el portal de Belén el cual era un establo en el que habitaban un buey y una mula.

La Virgen María, tras dar a luz al Mesías, depositó a éste en el comedero de los animales habilitándolo como cuna del recién nacido.

Y es precisamente ese comedero que se utilizó como cuna lo que le da nombre ya que ‘pesebre’ proviene del latín ‘praesēpe’ y su significado original (y que también se utiliza hoy en día en el mundo de la ganadería) es el de ‘recipiente o cajón destinado a la comida de los animales’ (ganado).


De ahí que cuando se monta dicha representación navideña (ya sea con figuras o personas) lo conozcamos con los términos: belén, nacimiento o pesebre».

Ya está el listo que todo lo sabe

Alfred López